Comprar una vivienda vuelve a ser más difícil en Estados Unidos. Las tasas hipotecarias superaron nuevamente el 7% y continúan aumentando el costo mensual de financiar una propiedad, mientras los precios elevados y la limitada oferta mantienen bajo presión la asequibilidad.
La tasa fija promedio a 30 años alcanzó 7.03% en la medición semanal de Freddie Mac publicada el 24 de septiembre, frente al 6.95% anterior. Además, el rendimiento del Tesoro a 10 años, referencia importante para el mercado hipotecario, se acercó al 5.15%.
En este contexto, Daniel Chang Contreras, analista político y economista, explicó que abordar la crisis exige mirar más allá del financiamiento disponible para los compradores y concentrarse también en las restricciones que limitan la construcción de viviendas.
¿Por qué ayudar al comprador puede ser insuficiente para bajar el costo de la vivienda?
El problema fundamental es de oferta y demanda. Facilitar crédito, entregar subsidios o reducir el costo inicial puede aumentar la capacidad de compra de las familias. Pero si el número de viviendas disponibles no crece al mismo ritmo, más compradores terminan compitiendo por prácticamente las mismas propiedades.
Por eso, Chang Contreras plantea que estimular únicamente la demanda puede terminar presionando nuevamente los precios, reduciendo parte del beneficio que inicialmente recibe el comprador.
El desafío se intensifica con las tasas actuales. Datos publicados esta semana por la Mortgage Bankers Association muestran que su medición de la hipoteca fija a 30 años alcanzó 7.30%, mientras las solicitudes de compra retrocedieron 4.3%.
¿Qué reformas podrían aumentar realmente la oferta de viviendas?
Chang Contreras pone el foco en revisar regulaciones, procesos de permisos, restricciones de zonificación y obstáculos que elevan costos o retrasan nuevos proyectos.
La lógica económica es directa: permitir mayor construcción puede ampliar inventario y generar más competencia dentro del mercado.
Existe además otro freno: propietarios que obtuvieron hipotecas a tasas considerablemente menores tienen pocos incentivos para vender y financiar otra vivienda por encima del 7%. Esto reduce la movilidad y restringe propiedades disponibles.
El debate, por tanto, no consiste solamente en cómo hacer que las familias puedan comprar más, sino en cómo lograr que Estados Unidos pueda construir más. Con tasas elevadas y oferta limitada, cualquier solución enfocada exclusivamente en subsidiar la demanda corre el riesgo de quedarse corta.
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