La producción agrícola del Caribe está creciendo, pero producir más no garantiza que los alimentos lleguen de manera eficiente y asequible al consumidor. Transporte, infraestructura, financiamiento, regulaciones y dependencia de importaciones continúan limitando la seguridad alimentaria regional.
En Nexo Caribe, Margaret Ramírez Báez, CEO de LegalmentePR, analizó las conclusiones de la 20.ª Caribbean Week of Agriculture, encuentro de CARICOM que reunió a representantes de más de 40 jurisdicciones y unas 800 personas de los sectores público y privado.
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¿Por qué producir 24% más alimentos todavía no resuelve el problema del Caribe?
CARICOM reportó un aumento cercano al 24% en la producción regional entre 2022 y 2024. Sin embargo, la meta de reducir 25% la factura de importaciones para 2025 no se alcanzó y fue extendida hasta 2030.
Ramírez Báez advierte que todavía existe una “dependencia alta que tenemos en el Caribe a las importaciones”. El problema es que las economías regionales continúan funcionando de manera fragmentada.
“A veces la comida está cerca de nosotros”, explicó. El obstáculo aparece en “los canales de distribución, esa logística” necesaria para llevar la producción desde el campo hasta los supermercados y trasladar excedentes de un país hacia otro que los necesita.
La seguridad alimentaria, además, no significa únicamente sembrar. Implica que el producto llegue “a un precio adecuado a la mesa del consumidor”, mediante cadenas de distribución, refrigeración, transporte, almacenamiento, energía e infraestructura capaces de resistir interrupciones.
¿Dónde están las oportunidades económicas para empresas e inversionistas?
La integración pendiente abre espacio para inversión privada. “Las crisis son oportunidades”, afirmó Ramírez Báez, destacando especialmente la logística y las soluciones capaces de conectar producción y consumo.
El reto incluye armonizar regulaciones para que producir, exportar e importar alimentos entre mercados caribeños resulte más sencillo.
La especialista considera que la región podría funcionar como un hub estratégico de oportunidades económicas y alimentarias, pero necesitará políticas coordinadas y acceso a financiamiento para incorporar también a pequeñas empresas.
El objetivo es construir una cadena capaz de “sembrar, producir, distribuir y llevar ese alimento a las mesas de los ciudadanos”. Para Ramírez Báez, la oportunidad ya existe: “Hay que conectar esa producción con las necesidades que tiene la región”.
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