La inflación mayorista en Estados Unidos alcanzó el 6.3% interanual en septiembre, su mayor incremento desde diciembre de 2022, mientras las empresas enfrentan costos energéticos cada vez más elevados. El repunte aumenta las preocupaciones sobre nuevos ajustes de tasas de interés por parte de la Reserva Federal.
Según la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), el índice de precios al productor (IPP) aumentó 1.3% mensual, más del doble del 0.6% previsto por los economistas. La lectura anual también superó ampliamente el 5.5% esperado por Wall Street.
La energía fue uno de los principales motores del incremento, debido a las interrupciones del suministro petrolero asociadas al conflicto entre Estados Unidos e Irán. El diésel explicó casi la mitad del aumento de los precios de bienes procesados destinados al consumo inmediato.
Sin alimentos ni energía, el IPP subyacente avanzó 0.7% mensual y 5% interanual, señal de que las presiones inflacionarias también están extendiéndose a otros sectores productivos.
El informe llega después de conocerse que la inflación al consumidor alcanzó 3.7% anual en septiembre, mientras las ventas minoristas crecieron 0.8%. Sin embargo, excluyendo automóviles y gasolineras, el consumo avanzó apenas 0.25%, evidenciando una desaceleración del gasto.
Para hogares y pequeños negocios hispanos, especialmente en transporte, comercio y servicios, el encarecimiento de combustibles y mercancías podría traducirse en menores márgenes operativos y precios más altos.
Según FedWatch de CME Group, la probabilidad de una subida de tasas en octubre aumentó hasta aproximadamente 34%, frente a menos del 18% una semana antes. El desafío económico es doble: controlar la inflación sin frenar excesivamente el consumo, la inversión empresarial y la creación de empleo.
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