Intel protagonizó una jornada histórica en Wall Street al desplomarse 28.58% el viernes 30 de octubre de 2026, registrando su peor caída bursátil desde la década de 1970. El derrumbe borró miles de millones de dólares de su valoración y provocó pérdidas significativas en las participaciones del gobierno estadounidense y Nvidia.
Las acciones cerraron en $65.76, tras perder $26.31 durante la sesión. El golpe resultó especialmente sorprendente porque, antes de presentar sus resultados trimestrales, Intel acumulaba una revalorización cercana al 150% durante 2026, impulsada por el entusiasmo alrededor de sus procesadores y la inteligencia artificial.
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¿Por qué el desplome de Intel le costó $12,000 millones al gobierno de Trump?
La participación del 10% adquirida por el gobierno estadounidense perdió aproximadamente $12,000 millones de valor en una sola jornada, convirtiendo el desplome de Intel en un revés financiero para la administración de Donald Trump, que había impulsado esa inversión estratégica.
Aunque la participación gubernamental continuaba siendo rentable según la información disponible, su fuerte depreciación evidenció los riesgos asociados con una compañía que todavía intenta recuperar competitividad después de perder terreno durante los primeros años del auge de la inteligencia artificial.
Nvidia también sufrió las consecuencias. El fabricante de procesadores gráficos había realizado una importante inversión en Intel, cuyo valor disminuyó aproximadamente $6,000 millones durante la jornada, mientras sus propias acciones retrocedieron alrededor del 4%.
El desplome representa otro desafío para Lip-Bu Tan, quien asumió la dirección ejecutiva en marzo de 2025 con la misión de revitalizar el fabricante estadounidense y recuperar su posición en la industria mundial de semiconductores.
¿Qué resultados provocaron la peor caída de Intel en más de cinco décadas?

Acción de Intel: Comportamiento durante la jornada del viernes 30 de octubre de 2026. FUENTE: Benzinga Pro
La principal decepción llegó con las previsiones para el trimestre actual. Intel anticipó ganancias ajustadas de $0.25 por acción, frente a los $0.43 esperados, mientras proyectó ingresos de entre $15,000 millones y $16,000 millones, inferiores a los $17,100 millones estimados por Wall Street.
David Zinsner, director financiero de Intel, advirtió: «Prevemos que la desaceleración en el mercado de PC continuará al menos durante la primera mitad del próximo año», confirmando que las dificultades comerciales podrían prolongarse durante varios trimestres.
El panorama se agravó por una explosión en una fábrica de Intel en Israel, que provocó la muerte de dos trabajadores y dejó a un tercero gravemente herido. El incidente ocasionó un cierre prolongado que afectó los envíos de chips de 10 nanómetros.
Según Zinsner, la interrupción representará aproximadamente $600 millones en ingresos no percibidos durante dos trimestres. El accidente añadió nuevas restricciones productivas en un momento en que la compañía necesita estabilizar operaciones y recuperar la confianza del mercado.
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¿Qué viene para Intel tras el desplome y cómo pretende recuperar la confianza?
Los analistas de DA Davidson rebajaron la recomendación sobre Intel de «comprar» a «neutral», argumentando que resulta difícil justificar su valoración bursátil ante una debilidad tan significativa del mercado de computadoras personales.
La recuperación depende especialmente de Intel Foundry, su negocio de fabricación de semiconductores para terceros. La compañía ya produce chips mediante su tecnología avanzada 18A en Arizona y espera inaugurar otra instalación en ese estado hacia finales de 2028.
Sin embargo, Intel todavía no ha confirmado clientes externos para sus nuevos procesos de fabricación. Tan anticipó que podría anunciar un par de clientes durante los próximos dos trimestres y destacó un «progreso tremendo» en la tecnología 14A.
El desafío inmediato será demostrar que sus inversiones industriales pueden convertirse en contratos, ingresos y rentabilidad sostenibles. Después de perder casi un tercio de su valor en una jornada, Intel enfrenta una prueba decisiva para su recuperación y para los grandes inversionistas que respaldaron su transformación.
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