La administración Trump quiere que las escuelas estadounidenses reduzcan los alimentos ultraprocesados y preparen más comidas con ingredientes frescos, pero transformar millones de almuerzos diarios requerirá mucho más que cambiar recetas.
El Departamento de Agricultura anunció hasta $70 millones para infraestructura de cafeterías escolares, mientras Salud y Servicios Humanos destinará $30 millones a investigar alternativas prácticas y económicas para mejorar la nutrición. La iniciativa forma parte de la agenda Make America Healthy Again.
¿Por qué muchas escuelas no pueden cocinar desde cero?
El principal obstáculo está dentro de las cocinas. Más de 93% de los responsables de alimentación escolar afirma necesitar más personal, capacitación culinaria, equipos e infraestructura para reducir la dependencia de productos ultraprocesados.
En Meriden, Connecticut, el problema es evidente. La escuela primaria Thomas Hooker funciona con una cocina improvisada y poco espacio. El distrito gastó más de $300,000 el año pasado entre compra y reparación de equipos, mientras Connecticut recibiría apenas $209,000 en una primera ronda de subvenciones, según la información proporcionada.
Preparar alimentos frescos también exige trabajadores capacitados para manipular carnes, seguir recetas y utilizar equipos especializados. Los distritos enfrentan además elevada rotación porque algunos empleados encuentran mejores salarios en comercios y almacenes.
¿Alcanzará el dinero para transformar los comedores escolares?
El desafío también es financiero. El programa nacional sirve almuerzos a cerca de 30 millones de niños cada jornada escolar, una escala que multiplica cualquier incremento en costos laborales, ingredientes o equipamiento.
En Meriden, producir un almuerzo cuesta alrededor de $5.07, pero el reembolso federal ronda $4.80. Ese desfase contribuye a un déficit presupuestado de $250,000, compensado parcialmente con otras ventas y fondos estatales.
La School Nutrition Association señala que 79% de los responsables consultados considera extremadamente necesario recibir más recursos para ampliar la preparación desde cero.
El objetivo de ofrecer alimentos menos procesados enfrenta así una realidad económica: sin cocinas modernas, trabajadores suficientes y mayor financiamiento, las nuevas exigencias podrían aumentar la presión sobre distritos que ya operan con presupuestos ajustados.
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