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Según documentos presentados ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC), los siete cofundadores de Anthropic se comprometieron a donar el 80% de sus participaciones personales a organizaciones benéficas.

Cada fundador posee más de 200 millones de acciones. Amodei controla directamente 240.6 millones de títulos y mantiene derechos de voto sobre otros 4.6 millones, según la documentación.

La iniciativa responde a su preocupación por las consecuencias laborales de la inteligencia artificial y la responsabilidad de quienes acumulan grandes fortunas tecnológicas.

«Me entristece que las personas adineradas, especialmente en la industria tecnológica, hayan adoptado recientemente una actitud cínica y nihilista», escribió Amodei en enero, cuestionando el desprestigio de la filantropía.

¿Cómo funcionarán las donaciones multimillonarias de Anthropic?

Amodei utilizará fondos de donaciones asesoradas, conocidos como DAF, que permiten transferir acciones y otros activos a entidades benéficas, obtener beneficios fiscales y distribuir posteriormente los recursos.

Los vehículos identificados son Daffy Charitable Fund y Dechomai Asset Trust, con los cuales Anthropic mantiene acuerdos para canalizar aportaciones. La compañía también se comprometió a igualar las donaciones de acciones realizadas por sus empleados, cuyo valor conjunto podría alcanzar miles de millones de dólares.

Adam Nash, fundador y director ejecutivo de Daffy, destacó el potencial filantrópico de esta nueva generación de empresarios.

«Estamos presenciando una enorme creación de riqueza», afirmó, señalando que muchos jóvenes empresarios tecnológicos comienzan a cuestionarse el propósito social de sus fortunas.

Daffy administra actualmente más de $2,000 millones en activos benéficos y colabora con empresas tecnológicas, incluida OpenAI.

¿Por qué los derechos de voto de Amodei generan controversia?

La principal particularidad es que Amodei conserva ciertos derechos de voto sobre acciones donadas, incluso aquellas que los fondos puedan adquirir posteriormente, bajo determinadas condiciones.

Este mecanismo podría generar debate porque las donaciones benéficas con beneficios fiscales normalmente requieren que el donante renuncie al control efectivo de los activos transferidos.

Nash explicó que las acciones privadas suelen incorporar restricciones de transferencia y acuerdos de votación. Sin embargo, recordó que las contribuciones deben ser irrevocables y las organizaciones beneficiarias conservar el control final de las inversiones.

El caso plantea una cuestión fundamental para la nueva riqueza tecnológica: cómo financiar grandes iniciativas sociales sin comprometer las normas que garantizan la independencia de las entidades benéficas.

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