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Un rancho vigilado las 24 horas, criaturas que supuestamente caminaban sobre dos patas, esferas azules capaces de seguir automóviles y experimentos con objetos que parecían moverse solos. Estos episodios aparecen documentados en informes de investigaciones que ahora pueden examinarse como parte de la desclasificación de archivos ovni impulsada por Donald Trump.

La séptima entrega de documentos del Departamento de Guerra de Estados Unidos, difundida a través de WAR.GOV/UFO, permite conocer detalles de las investigaciones de Bigelow Aerospace Advanced Space Studies (BAASS), contratista vinculado a la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA). Entre los expedientes destaca un informe de noviembre de 2009 que dedica una extensa sección a Skinwalker Ranch, la misteriosa propiedad de Utah.

Los archivos muestran que los investigadores pagos por el gobierno de EE. UU. no se limitaron a únicamente recopilar historias. Desplegaron personal, entrevistaron testigos, diseñaron experimentos y estudiaron presuntos efectos físicos de fenómenos inexplicables. La documentación también revela proyectos para localizar materiales biológicos, recuperar expedientes sensibles y analizar posibles tecnologías extraordinarias.

La desclasificación es un hecho documental y los fenómenos relatados siguen siendo afirmaciones investigadas, por tanto no son pruebas científicas de actividad no humana.

Lo más revelador ha sido descubrir lo que buscaban realmente los investigadores y que hasta ahora era prácticamente desconocido para los ciudadanos, los mismos que con el pago de sus impuestos han financiado estos programas secretos.

¿Qué descubrieron los investigadores dentro de Skinwalker Ranch?

El informe de noviembre de 2009 recientemente desclasificado el 23 de octubre, contiene una sección titulada Summary of Utah Ranch Investigations, dedicada exclusivamente a las actividades desarrolladas en Skinwalker Ranch y sus alrededores.

En noviembre, BAASS envió investigadores a Vernal, Utah, para entrevistar residentes y buscar nuevos testigos. El reporte señala que localizaron cinco personas adicionales con relatos sobre objetos voladores, esferas azules y una criatura semejante a un perro gigantesco.

Entre los experimentos más desconcertantes realizados en Skinwalker Ranch destaca una investigación sobre presuntos movimientos inexplicables de monedas de un centavo. Los guardias habían comunicado que algunas monedas cambiaban de posición, aparecían invertidas o eran desplazadas sin que pudieran identificar quién las había tocado.

El informe de BAASS de noviembre de 2009 revela episodios específicos. El 18 de noviembre, los vigilantes descubrieron que varias monedas ya no estaban en la posición original. Inicialmente sospecharon que otros investigadores pudieron haberlas manipulado, pero una consulta posterior determinó que estos no habían estado cerca de los objetos. Los guardias reconocieron que desconocían qué había provocado el movimiento.

El 19 de noviembre ocurrió otro episodio. En una inspección de Homestead 2, los investigadores encontraron que una de cuatro monedas había cambiado de posición. Revisaron cuidadosamente los alrededores, pero no encontraron huellas ni señales evidentes de personas o animales que pudieran explicar lo sucedido. Ese mismo día también se reportaron movimientos de monedas colocadas sobre una mesa de noche y la aparición de una moneda de un centavo sobre una cama, sin que su ocupante pudiera explicar cómo había llegado allí.

BAASS reconoció que estos acontecimientos podían explicarse mediante bromas de los vigilantes, intrusos o animales. Por ello, diseñó experimentos más rigurosos para reducir las posibilidades de manipulación y comprobar si los movimientos podían repetirse bajo condiciones controladas.

Los investigadores prepararon en Las Vegas objetos y acertijos que requerían cierto grado de inteligencia para resolverse. Estos eran organizados, fotografiados e introducidos en maletines cerrados, que posteriormente se trasladaban a Skinwalker Ranch. Las llaves permanecían en Las Vegas, mientras los maletines debían permanecer aproximadamente un mes en zonas consideradas de alta actividad paranormal antes de regresar para examinar posibles alteraciones.

Uno de los experimentos más sorprendentes utilizaba la secuencia matemática de Fibonacci, representada mediante pequeñas piezas colocadas dentro de cajas protegidas contra manipulaciones. El desafío consistía en que una supuesta inteligencia desconocida identificara el patrón y completara el siguiente número de la secuencia. Estas cajas fueron instaladas en Homestead 2 y en una vivienda prefabricada del rancho.

El objetivo era comprobar no solamente si podían producirse alteraciones físicas sin intervención humana, sino también si los fenómenos investigados mostraban algún tipo de comportamiento inteligente.

Los documentos desclasificados confirman que se registraron desplazamientos de monedas y que BAASS desarrolló estos experimentos controlados. Sin embargo, el informe de noviembre de 2009 no presenta resultados concluyentes que demuestren alteraciones dentro de los maletines sellados. La revelación permite conocer hasta dónde llegaron los investigadores para intentar determinar si los sucesos de Skinwalker Ranch tenían una explicación convencional o respondían a un fenómeno todavía desconocido.

¿Quién estaba detrás de BAASS y qué organizaciones integraban la red que investigaba ovnis y posibles extraterrestres?

Uno de los aspectos más reveladores de los documentos publicados en WAR.GOV/UFO, dentro del proceso de desclasificación impulsado por Donald Trump, es la estructura de organizaciones privadas, científicos, investigadores y organismos gubernamentales que participaban en el estudio de fenómenos anómalos.

En el centro de esa estructura estaba Bigelow Aerospace Advanced Space Studies (BAASS), organización vinculada al empresario estadounidense Robert Bigelow. El multimillonario, fundador de Bigelow Aerospace, desarrolló un prolongado interés por los ovnis, los fenómenos inexplicables y la posibilidad de vida extraterrestre.

Los documentos identifican el contrato HHM402-08-C-0072, mediante el cual BAASS trabajó para la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA). Su misión comprendía recopilar información, investigar incidentes, desarrollar bases de datos y estudiar tecnologías aeroespaciales que pudieran representar riesgos para la seguridad nacional.

La estructura era considerable. En marzo de 2009, BAASS contaba con 33 empleados a tiempo completo y siete a tiempo parcial, además de sus principales administradores. Entre ellos figuraban antiguos especialistas en investigaciones militares, ingenieros, físicos, biólogos, analistas y personal de seguridad.

Pero la revelación más llamativa está en sus conexiones. En febrero de 2009, BAASS contrató a MUFON (Mutual UFO Network), una organización civil dedicada a investigar avistamientos de ovnis. El acuerdo permitía recibir alertas sobre incidentes en Estados Unidos, informes de investigadores y posibles evidencias físicas, incluidos materiales biológicos, muestras de suelo, plantas y animales.

BAASS también mantenía relaciones de trabajo con EarthTech International, dedicada a estudios científicos y tecnologías avanzadas, mientras sus bases de datos incorporaban registros del National Institute for Discovery Science (NIDS), otra organización relacionada con Bigelow y las investigaciones de fenómenos extraordinarios.

Un detalle poco conocido aparece en el informe de marzo de 2009: BAASS buscaba reemplazar a NIDS como organización de referencia para determinados reportes de fenómenos aéreos en publicaciones de la Administración Federal de Aviación (FAA). Esto demuestra que pretendía ampliar su papel en la recepción de información sobre incidentes inexplicables.

La red también incluía investigadores desplegados en Skinwalker Ranch, laboratorios preparados para analizar materiales y especialistas capaces de movilizarse rápidamente ante casos considerados relevantes.

Sin embargo, los propios documentos revelan una limitación importante: en noviembre de 2009, BAASS reconocía que varios proyectos relacionados con archivos clasificados, testimonios militares y presunta tecnología recuperada estaban paralizados porque no contaba con las autorizaciones de acceso necesarias.

La desclasificación no demuestra que esta red poseyera extraterrestres ni tecnología alienígena. Lo que sí revela es una estructura organizada que conectaba a un empresario privado, contratistas científicos, investigadores civiles y una agencia de inteligencia estadounidense para estudiar precisamente esas posibilidades.

Ese entramado constituye uno de los hallazgos más significativos de los expedientes: detrás de los misterios de Skinwalker Ranch existía una operación de investigación mucho más amplia, con contratos, personal especializado, laboratorios, bases de datos y proyectos que durante años permanecieron fuera del conocimiento público general.

¿Qué revelan los archivos sobre entidades no humanas y el reconocimiento de una base de datos gigantesca del gobierno de EE. UU. sobre este fenómeno?

La investigación iba mucho más allá de Skinwalker Ranch. El informe de marzo de 2009 describe Project Capella, un sistema que reunía 234,364 registros históricos de fenómenos aéreos inusuales.

El archivo incluía testimonios retrospectivos fechados hasta el año 593 antes de Cristo y clasificaba los acontecimientos según maniobras, encuentros cercanos, sobrevuelos y anomalías. Entre los registros, aproximadamente 2.1% mencionaba entidades o formas de vida; 0.8%, rastros físicos; 0.5%, reacciones fisiológicas; y 0.6%, efectos electromagnéticos.

Algunas categorías contemplaban incluso lesiones y supuestas transformaciones de la realidad. BAASS reconoció que la base contenía duplicados, explicaciones naturales y sesgos de denuncia. Por tanto, las cifras representan testimonios clasificados, no encuentros extraterrestres comprobados.

El plan de diciembre de 2008 también contemplaba entrevistar a antiguos funcionarios y especialistas que supuestamente conocían materiales físicos, componentes tecnológicos o tejidos biológicos asociados con objetos aeroespaciales extraordinarios.

La desclasificación impulsada por Trump permite por ahora conocer la existencia de estas líneas de investigación, pero no confirma que se recuperaran organismos extraterrestres.

El gobierno Trump ha dado la orden de seguir con el proceso de desclasificación y se esperan nuevas tandas de archivos reveladores. Lo expuesto hasta ahora demuestra que el fenómeno ha sido investigado de manera seria por el gobierno de la nación más poderosa del planeta.

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