La carrera por la inteligencia artificial está desencadenando una inversión de dimensiones históricas en Estados Unidos. Estimaciones del economista Stijn Van Nieuwerburgh, publicadas por Brookings Institution, calculan que los centros de datos y la infraestructura vinculada a la IA podrían movilizar $10.3 billones entre 2025 y 2032, equivalente, en promedio, al 3.6% del PIB anual.
La proyección está sujeta a considerable incertidumbre y el gasto final podría ser menor. Sin embargo, Goldman Sachs estima que solo en 2026 la inversión estadounidense en IA alcanzará 1.9% del PIB, una intensidad comparable con grandes ciclos históricos de infraestructura.
¿Cuánto empleo está creando la fiebre por los centros de datos?
La construcción de centros de datos está compensando parcialmente la debilidad de otras áreas. Hasta julio se habían invertido $37,000 millones en estas instalaciones privadas, $9,000 millones más que un año antes, mientras el resto de la construcción privada registró aproximadamente $46,000 millones menos.
LinkedIn estima que la IA impulsó más de 750,000 nuevos empleos entre 2023 y 2026, con salarios promedio cercanos a $180,000 para puestos relacionados con esta tecnología, frente a $80,000 para el conjunto de ofertas.
Los centros de datos añadieron otros 117,000 empleos desde comienzos de 2024, sin contar muchos trabajos temporales de construcción. Esto abre oportunidades para electricistas y otros oficios técnicos, sectores donde también existe una importante presencia de trabajadores hispanos.
¿Por qué esta inversión también puede convertirse en un riesgo?
Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle podrían invertir conjuntamente $4.2 billones hasta 2029, según estimaciones de analistas recopiladas por FactSet. Una proporción creciente estaría financiándose mediante deuda.
El riesgo aparece si los ingresos generados por la IA no alcanzan para justificar esas inversiones. Parte del financiamiento utiliza estructuras fuera de balance y crédito privado, reduciendo la transparencia sobre dónde se concentran las posibles pérdidas.
La expansión también compite por electricidad, terrenos y trabajadores. En Misisipi, por ejemplo, una planta de aluminio que habría generado alrededor de 1,000 empleos terminó eligiendo Oklahoma después de que un centro de datos proyectado cerca de Vicksburg comprometiera capacidad eléctrica.
La presión empieza además a sentirse en los precios. En agosto, computadoras, periféricos y semiconductores importados costaban 20% más que un año antes, mientras algunas regiones con fuerte concentración de centros de datos experimentan mayores facturas eléctricas.
La IA está creando empleo, inversión y riqueza bursátil, pero la magnitud de la apuesta también concentra riesgos. Si la demanda tecnológica continúa creciendo, puede convertirse en un poderoso motor económico; si los retornos decepcionan, el elevado endeudamiento y las inversiones multimillonarias podrían transmitir el ajuste a otras partes de la economía estadounidense.
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